viernes, 5 de diciembre de 2008

Como la vida misma

El otro día me pasó una cosa increíble. Os la voy a contar.

Soy Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos y, claro, eché unos añitos en estudiar para tener un título. Y, ¡hombre! un título no es cualquier cosa, y de Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos más aún, porque cuesta un trabajo, y un esfuerzo, que mis padres son de familia humilde, son seis años, en el mejor de los casos. Y los libros, y comer fuera de casa. En fin, un gasto. Y acabé la carrera.

Y ahora después de unos años, pues me he hecho algo de nombre, y tengo mis clientes y mis obras y un prestigio. Si, si, un prestigio. El chavalín aquel de Aluche pues es Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos y firma algunos proyectos. No, todos no, ojalá, solo algunos.

En fin, voy al grano. Hace cinco meses me encargaron un proyecto. Deprisa, como suele ser esto. Si sois de la profesión ya sabréis como va esto. Fue un conocido, Gutiérrez, que lo conocí en los toros. A los pocos meses me encargó un puente. Para mi, un puente, y en mi ciudad, pues es una cosa muy importante, una de mis aspiraciones en la vida, un objetivo.

Como os digo, el encargo vino muy deprisa, a grandes rasgos se trataba de un puente sobre una nacional de entrada a la ciudad. Una iniciativa privada había realizado una nueva urbanización, doscientas viviendas de buena planta, en una zona cercana al núcleo, casi urbana, a buen precio pero con mala comunicación. Bueno, en realidad el precio era como si estuviesen en la Cibeles, pero en el kilómetro siete. Hombre, no estaba mal, era bastante cerca. Se habían vendido como churros. El problema de los pisos era que se les había dado salida solo en dirección hacia fuera de la ciudad y, para entrar había que ir hasta el km.12, entrar en el segundo cinturón dirección oeste y recorrer dos kilómetros para hacer un cambio de sentido en un spagueti junction de esos, brutales, modernos, que como no te lo conozcas acabas con la lengua fuera pidiéndole al arbitro que acabe el partido. En fin, después había que desandar los dos kilómetros hacia el este y volver a entrar en dirección a Madrid, que en ese momento estaba todavía a doce kilómetros. La pera.

Pues bien, Gutiérrez, conocedor de los votos de esas doscientas familias, había tenido la buena idea de ofrecerles la construcción de un puente, financiado parcialmente por los vecinos y por el ayuntamiento. Claro, lo vecinos no tenían un poder adquisitivo importante. Gutierrez recordó que me conocía de los toros. Yo había aprovechado para contarle, entre pase y banderilla, que era Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, que tenía una empresa, una sociedad de ingeniería dedicada al proyecto de infraestructuras, bla, bla, bla…

El proyecto se sacaría por un importe total de un millón de euros. Un presupuesto inferior al que se merecía esa zona e inferior al que yo sabía, podía y tenía que hacer en mi ciudad, al lado de mi antiguo barrio. El proyecto había salido con el precio de un puente normal. No muy barato pero no con el dinero suficiente para construir el puente singular que debía construirise allí. No era el precio adecuado y así se lo hice saber a Gutiérrez. Él me dijo que no me preocupara. El proyecto tenía que salir y la financiación que involucraba a los vecinos estaba limitada. Firmaríamos el Proyecto y la Dirección de obra y una vez comenzadas las obras seguro que habría alguna forma de ampliar el presupuesto. Con estas, presenté un proyecto bastante ajustado a lo que yo había pensado que sería lo que esas familias se merecían y yo me merecía. Tengo un prestigio y no puedo hacer cualquier cosa. Tengo que hacer cosas de calidad, importantes. Tengo que mantener un sitio. Me lo merezco, mi oficina se lo merece y además Madrid debe asumirlo.

Tuve que poner algunas partidas del proyecto a un precio menor, eso sí, mantuve mis estándares de calidad. Ya hablaríamos de eso después. El puente debía ser como todos nos merecíamos. No había mucho tiempo para presentar el proyecto, no pudimos evaluar adecuadamente las partidas y sus precios y, como teníamos un tope, en realidad lo que hicimos fue ceñirnos al presupuesto con el que era posible hacer el puente. Para entendernos, Gutiérrez y yo no tuvimos más que mirarnos y esbozar una sonrisa imperceptible. “Sé que Gutiérrez piensa como yo. Una vez adjudicado, haremos el puente que yo quiero”

Presentamos el proyecto. Todas las propuestas habían sido comedidas formalmente y tenían un presupuesto parecido o algo mayor que el nuestro. Resultamos adjudicatarios por una pequeña diferencia. Firmamos que el puente se haría por 915.000 €.

El día que nos adjudicaron oficialmente el Proyecto y Dirección de Obra me fui a comer para celebrarlo con mis amigos y también invité a Gutiérrez.

Cinco meses después estoy escribiendo esto. No sigo contando más porque no me lo puedo creer aún. Os cuento todo esto desde mi despacho, después de haber mandado al carajo al nuevo concejal de transportes. A Gutiérrez lo sustituyeron después de las elecciones.

Es increíble. Llevamos mes y medio intentando convencer al nuevo Concejal de que el puente que se merece la ciudad y que yo, ganador del concurso, puedo hacer, debe ser un icono de Madrid. La calidad que mi oficina puede dar, mi prestigio. Un concurso ganado por un precio muy inferior al que debería. No hay derecho. En el norte, a Calzón le han dejado hacer un puente de la misma luz y que va a costar el doble de dinero. No me lo puedo ni creer. No pienso ir a una reunión más. Me he retirado. Le he enviado una carta de dimisión al Concejal y ¿sabéis lo que ha hecho?. Me ha de-nun-cia-do, porque dice que me he comprometido con el ayuntamiento y el ayuntamiento con la sociedad, mediante un concurso público. Pero bueno, ¡por dios! Todos sabemos como funciona esto, yo firmé un concurso por un precio, eso sí; pero todo el mundo sabe que eso se puede modificar, se debe modificar. Y me han ofrecido un incremento de gasto ¡de un 23 %! No me lo puedo creer. Yo pido un 53%, ¡qué menos que millón y medio de euros! para hacer un puente donde lo quieren hacer. Me niego a que mi nombre aparezca en ese puente si se hace a ese precio.

¡Nos veremos en el juez! ¡Que se habrán creido!

Todas los escenarios y personajes son totalmente inventados. (Viven en los medios). Lo que no quiere decir que esto no se parezca mucho a la realidad. Yo qué sé.

12 comentarios:

daj dijo...

Me suena eso que comentas(53%). Pero me parece que te has metido "tú" solito en ese "tinglao". Eso te pasa por ir a los toros!!

Leo dijo...

Vaya timo! Suerte con el juez.
Me recuerda bastante a lo de Zaera en Campus de la Justicia:
http://www.elpais.com/articulo/madrid/Desercion/Ciudad/Justicia/elpepiespmad/20081202elpmad_2/Tes

Miguel dijo...

Hola, entonces, es cierto te pasó eso que nos cuentas o no?. Bueno si fué así, ánimo con los trámites, pero tampoco te ensucies tu nombrecon estos berejenales, aunque tienes razón.

Saludos y enhorabuena por el blog.

jorge dijo...

Pues en realidad tiene razón. No te hubieras comprometido ni te hubieras presentado al concurso público (sobre todo esto último) y ya está. Tú ofreciste un puente por 915000€ y eso es lo que tienes que hacer, ni más ni menos.

Un saludo

emanem dijo...

Gracias por los apoyos... y por las críticas.
No me molestaría tanto de no ser porque otros puentes similares se están hacieno o se van a hacer con el nivel presupuestario que YO exijo para MI puente.
Se tenía mucha premura para arrancar y presentamos un proyecto, aun a sabiendas de que necesitaría modificaciones y yo pacté esas modificaciones con la Propiedad.
Ahora me dicen que firmé un contrato... si pero no pueden hacer oidos sordos a la costumbre...

jorge dijo...

Bueno, si yo estuviera en tu situación, lo que haría es demostrarle de lo que soy capaz de hacer, aunque sea con poco dinero. Tu trabajo será mucho más prestigioso por el hecho de contar con menos recursos.

De todos modos, no comparto tu filosofía. Creo que un ingeniero civil no debe hacer trabajos para conseguir prestigio y ser importante, sino que debe hacerlos para unir sitios incomunicados (o poco comunicados) o mejorar esas comunicaciones.
El prestigio es de gente que hace trabajos menos importantes y necesitan hacer cosas raras para hacerse notar (os viene a la cabeza alguien?? xD).

Me gustaría conocer algunas de tus obras y aprovecho para felicitarte por tu blog y por tu trabajo (antes fui a saco :P). Seré asiduo en este blog en el futuro. Felicidades

charli dijo...

Emanem. Creo que te has inventado esta historia. O la has recreado a partir de algo que ha pasado hace poco.
Si te la has inventado y quieres repatear nuestra conciencia, lo has conseguido.
Si no te la has inventado y te está pasando eso y piensas así, te lo voy a decir en mayúsculas, eres un MEZQUINO IMPRESENTABLE.

emanem dijo...

Bueno charli, no te pongas así.

Aunque solo sea por el insulto merecerías que te tirase el guante a la cara. Pero no lo voy a hacer. En el fondo estoy de acuerdo contigo.

No me ha pasado lo que he contado en primera persona aunque sí soy ingeniero de caminos (con minúsculas) y de Aluche (viva Aluche). Hay varios detalles que pretendían ser pruebas de que yo no soy el de la carta.
1
El post acaba diciendo que lo que se cuenta es inventado, aunque sea real porque ha pasado, lo han contado los medios.
2
Los porcentajes son extrañamente idénticos a los del caso que se pretende caricaturizar.

Pretendía demostrar que las actitudes nefastas, explicadas con buenas palabras, con sentimientos aparentemente honestos, pueden engañarnos en nuestra apreciación. Hay que estar alerta para descubrir friamente al impostor que puede estar a la vuelta de la esquina.

El ingeniero de Aluche es un impostor que se cree que el mundo esta a sus pies solo porque apróbó una carrera que él está seguro, sin haber hecho niguna otra, que es la más difícil de España.
Y que se cree que por haber hecho algún puente de cierto interés ÉL se merece que la sociedad pase por debajo del futbolín como se hace cuando pierdes una partida siete a cero.
¡No hombre no!

P.D.: Jorge, sigue siendo como eres. Entraré a leerte en extrenario

daj dijo...

Desgraciadamente vivimos en una sociedad donde los valores y principios están en retroceso. Hubo tiempos en los que un Ingeniero de Caminos no eran tal, sino simplemente "el ingeniero". Se le respetaba, pues se le presuponía buen criterio, y rectitud. Sus decisiones eran estrictamente técnicas, y en lo económico siempre primaba el bien común. Hoy en día lo importante es "EL PRESTIGIO" de uno mismo, y da igual que haya que inventarse un río, para justificar ese puente que diseñé para aquel concurso en sudamérica y que no gané, pero que tengo que amortizar y por eso lo presento a ese otro concurso, esta vez en cuna de emperadores (esto también es ficción...o no). Bueno, esta es mi visión anticuada de nuestra profesión.
VIVA ALUCHE Y LAS PATATAS DEL YOLI!!

Anónimo dijo...

SOY MEXICANO Y DE IGUAL MANERA ESTO SUCEDE POR HERENCIA NUESTRA AQUI ,LOS PUESTOS PUBLICOS SIEMPRE SOMETEN A LOS PROYECTOS A CAPRICHOS PERSONALES PERO HAGALE FRENTE PORQUE LA GENTE PIERDE TIEMPO Y CON ELLO PRODUCTIVIDAD, AHORRENOS TIEMPO HAGA EL PUENTE

Anónimo dijo...

si es que en verdad a pasado, por que sirva como experiencia,

Anónimo dijo...

hola a todos, hoy les comento para el interes general acerca del muro milan, visiten http://www.tecnosuelo.com.mx/interiores/muromilan.php, y rescatemos como bisn se dice el prestigio del ingeniero... porque rectitud la hay y buen criterio tambien, por eso os digo hagase el puente e inventense el rio...