El otro día me pasó una cosa increíble. Os la voy a contar.
Soy Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos y, claro, eché unos añitos en estudiar para tener un título. Y, ¡hombre! un título no es cualquier cosa, y de Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos más aún, porque cuesta un trabajo, y un esfuerzo, que mis padres son de familia humilde, son seis años, en el mejor de los casos. Y los libros, y comer fuera de casa. En fin, un gasto. Y acabé la carrera.
Y ahora después de unos años, pues me he hecho algo de nombre, y tengo mis clientes y mis obras y un prestigio. Si, si, un prestigio. El chavalín aquel de Aluche pues es Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos y firma algunos proyectos. No, todos no, ojalá, solo algunos.
En fin, voy al grano. Hace cinco meses me encargaron un proyecto. Deprisa, como suele ser esto. Si sois de la profesión ya sabréis como va esto. Fue un conocido, Gutiérrez, que lo conocí en los toros. A los pocos meses me encargó un puente. Para mi, un puente, y en mi ciudad, pues es una cosa muy importante, una de mis aspiraciones en la vida, un objetivo.
Como os digo, el encargo vino muy deprisa, a grandes rasgos se trataba de un puente sobre una nacional de entrada a la ciudad. Una iniciativa privada había realizado una nueva urbanización, doscientas viviendas de buena planta, en una zona cercana al núcleo, casi urbana, a buen precio pero con mala comunicación. Bueno, en realidad el precio era como si estuviesen en la Cibeles, pero en el kilómetro siete. Hombre, no estaba mal, era bastante cerca. Se habían vendido como churros. El problema de los pisos era que se les había dado salida solo en dirección hacia fuera de la ciudad y, para entrar había que ir hasta el km.12, entrar en el segundo cinturón dirección oeste y recorrer dos kilómetros para hacer un cambio de sentido en un spagueti junction de esos, brutales, modernos, que como no te lo conozcas acabas con la lengua fuera pidiéndole al arbitro que acabe el partido. En fin, después había que desandar los dos kilómetros hacia el este y volver a entrar en dirección a Madrid, que en ese momento estaba todavía a doce kilómetros. La pera.
Pues bien, Gutiérrez, conocedor de los votos de esas doscientas familias, había tenido la buena idea de ofrecerles la construcción de un puente, financiado parcialmente por los vecinos y por el ayuntamiento. Claro, lo vecinos no tenían un poder adquisitivo importante. Gutierrez recordó que me conocía de los toros. Yo había aprovechado para contarle, entre pase y banderilla, que era Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, que tenía una empresa, una sociedad de ingeniería dedicada al proyecto de infraestructuras, bla, bla, bla…
El proyecto se sacaría por un importe total de un millón de euros. Un presupuesto inferior al que se merecía esa zona e inferior al que yo sabía, podía y tenía que hacer en mi ciudad, al lado de mi antiguo barrio. El proyecto había salido con el precio de un puente normal. No muy barato pero no con el dinero suficiente para construir el puente singular que debía construirise allí. No era el precio adecuado y así se lo hice saber a Gutiérrez. Él me dijo que no me preocupara. El proyecto tenía que salir y la financiación que involucraba a los vecinos estaba limitada. Firmaríamos el Proyecto y la Dirección de obra y una vez comenzadas las obras seguro que habría alguna forma de ampliar el presupuesto. Con estas, presenté un proyecto bastante ajustado a lo que yo había pensado que sería lo que esas familias se merecían y yo me merecía. Tengo un prestigio y no puedo hacer cualquier cosa. Tengo que hacer cosas de calidad, importantes. Tengo que mantener un sitio. Me lo merezco, mi oficina se lo merece y además Madrid debe asumirlo.
Tuve que poner algunas partidas del proyecto a un precio menor, eso sí, mantuve mis estándares de calidad. Ya hablaríamos de eso después. El puente debía ser como todos nos merecíamos. No había mucho tiempo para presentar el proyecto, no pudimos evaluar adecuadamente las partidas y sus precios y, como teníamos un tope, en realidad lo que hicimos fue ceñirnos al presupuesto con el que era posible hacer el puente. Para entendernos, Gutiérrez y yo no tuvimos más que mirarnos y esbozar una sonrisa imperceptible. “Sé que Gutiérrez piensa como yo. Una vez adjudicado, haremos el puente que yo quiero”
Presentamos el proyecto. Todas las propuestas habían sido comedidas formalmente y tenían un presupuesto parecido o algo mayor que el nuestro. Resultamos adjudicatarios por una pequeña diferencia. Firmamos que el puente se haría por 915.000 €.
El día que nos adjudicaron oficialmente el Proyecto y Dirección de Obra me fui a comer para celebrarlo con mis amigos y también invité a Gutiérrez.
Cinco meses después estoy escribiendo esto. No sigo contando más porque no me lo puedo creer aún. Os cuento todo esto desde mi despacho, después de haber mandado al
carajo al nuevo concejal de transportes. A Gutiérrez lo sustituyeron después de las elecciones.
Es increíble. Llevamos mes y medio intentando convencer al nuevo Concejal de que el puente que se merece la ciudad y que yo, ganador del concurso, puedo hacer, debe ser un icono de Madrid. La calidad que mi oficina puede dar, mi prestigio. Un concurso ganado por un precio muy inferior al que debería. No hay derecho. En el norte, a Calzón le han dejado hacer un puente de la misma luz y que va a costar el doble de dinero. No me lo puedo ni creer. No pienso ir a una reunión más. Me he retirado. Le he enviado una carta de dimisión al Concejal y ¿sabéis lo que ha hecho?. Me ha de-nun-cia-do, porque dice que me he comprometido con el ayuntamiento y el ayuntamiento con la sociedad, mediante un concurso público. Pero bueno, ¡por dios! Todos sabemos como funciona esto, yo firmé un concurso por un precio, eso sí; pero todo el mundo sabe que eso se puede modificar, se debe modificar. Y me han ofrecido un incremento de gasto ¡de un 23 %! No me lo puedo creer. Yo pido un 53%, ¡qué menos que millón y medio de euros! para hacer un puente donde lo quieren hacer. Me niego a que mi nombre aparezca en ese puente si se hace a ese precio.
¡Nos veremos en el juez! ¡Que se habrán creido!
Todas los escenarios y personajes son totalmente inventados. (Viven en los medios). Lo que no quiere decir que esto no se parezca mucho a la realidad. Yo qué sé.